EL GENOCIDIO CULTURAL EN MANIZALES DE LOS 90

Propongo una perspectiva nueva y controversial: ver todos los proyectos culturales fracasados en los 90 en Manizales como una MASACRE CULTURAL, donde los principales responsables fueron la Sociedad y el Estado, y no los locos y las locuras de los creadores. Así como Enrique Dussel con su FILOSOFÍA DE LA LIBERTAD se pone del lado de los pobres, les propongo que nos hagamos del lado de los locos, especialmente de los artistas, los creativos, y al lado principalmente de las “estrellas subterráneas del rock local”. Declaro que en los 90 en Manizales hubo un GENOCIDIO CULTURAL por parte de la Sociedad y el Estado que acabó con la vida de la mayoría de “emprendimientos creativos”. Este exterminio se justificó en la actitud iconoclasta, extravagante e irreverente de muchos artistas jóvenes. Hoy todavía, 30 años después, los artistas “fracasados” de aquel tiempo se culpan a sí mismos por tanta “irresponsabilidad” sin notar que esto no fue ningún problema para, por ejemplo, el capitalismo estadounidense, al contrario, se entendió por parte del mercado que la vida del artista es una vida “rara” en exploración y experimentación permanente. Pero en otros lugares donde una visión conservadora y tradicional de algunos se impuso, la “rareza” artística fue oprimida. Volver a los 90 no es solo un acto de “nostalgia” sino de “esclarecimiento de la verdad cultural”. Aunque no haya habido una violencia física como en otros lugares del país, la violencia cultural fue igual de cruenta y aún más silenciosa. Cuando se valoran los esfuerzos creativos de un territorio, uno deja de ver simples sueños ingenuos de jóvenes para contemplar un paisaje macabro. El mercado del rock norteamericano mostró claramente el producto que el rock es cuando se le deja ser, incluso cuando se le facilita ser. Las diferencias entre ellos y nosotros, desde este punto de vista, es que se le dio más poder a los jóvenes. Claro, esto por pura conveniencia capitalista, pero demuestra el poder que yace en las culturas juveniles, sobre todo cuando adquieren su mayoría de edad. En este contexto es que podemos hablar no de irresponsabilidad o ingenuidad por parte de los artistas jóvenes, sino de una sociedad y un estado anti-juvenil a pesar de la relevancia política, o precisamente por esto. Recuperar entonces la memoria de los 90 en Manizales es desenterrar la “FOSA COMÚN” de la cultura para hacerle justicia “cultural” a todos estos NNs que anhelan recuperar sus nombres. Solo luego y en el trayecto podremos ir haciendo juicios éticos, estéticos y políticos para dar un valor más equilibrado y reconocer los hitos que nos estructuren como sociedad más consciente. No sé a quienes pueda ofender este enfoque que propongo, pero no es mi intención molestar a nadie de modo personal. Los integralistas, holistas y sistémicos podrían alegar que solo se trata de una parte, que las culpas individuales de los artistas también son importantes, y habrá incluso quienes argumenten que son “las más importantes”. Como sea, en el camino nos iremos viendo. Reitero mi perspectiva: el éxito del rock norteamericano de los 60 y 70 demuestra que no era la locura e irresponsabilidad de los artistas lo que impidió algo correspondiente en la Manizales de los 90. El verdadero obstáculo fueron la sociedad y el Estado conservador. Ahora, 30 años después, ¡ES HORA DE SER NOTICIA!

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